A. M. D. F. son las siglas que figuraban hoy en el periódico como las de la mujer que esta mañana aparecía muerta en La Rosaleda de Valladolid. Tenía 78 años, y una profunda depresión.
La Décima Revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10) le otorga el código F.32. En la novena revisión ostentaba el 296. Se calcula que afecta a 350 millones de personas, o sea, al 5% de la población mundial. En el peor de los casos puede llevar al suicidio, que es la causa de, aproximadamente, 1 millón de muertes anuales (es decir, el 0,2857% de las personas afectadas, o el 0,0143% de la población mundial).
Uno puede tener la suerte de pertenecer a ese 99,9857% de personas en el mundo que no se quitarán la vida aun con depresión. A. M. D. F. no corrió esa suerte. O al menos eligió no pertenecer a ese selecto grupo de personas. Ella optó por "autolesionarse hasta la muerte con un cuchillo". Su marido llamó ayer por la noche para alertar de su desaparición. Esta mañana recibía LA llamada.
Mientras escribo esto, él intenta encajar que el amor de su vida se haya marchado así. Que se haya marchado, además, por su propio pie. Eso tiene que ser jodido. Atrás quedaron los años en los que se conocieron, las miradas que levantaban todas las pasiones. Los años de casados, de soñar, de vivir. A él le da igual si el código de la enfermedad psiquiátrica que padecía su mujer es F.32 en la CIE-10, si se debe a un déficit de serotonina, o si afecta a 350 millones de personas en el mundo. A él lo que le importa es que ella, su amor, su vida, se ha ido. No va a volver. Ha muerto. Para siempre.
A veces es bueno recordar que detrás de los porcentajes, de la recaptación de serotonina, del lóbulo límbico y del sistema serotoninérgico, hay una persona. Una vida. Podemos aprender toda la neuroanatomía, saber diagnosticar una insuficiencia valvular mirando un electrocardiograma, comprender los informes de la OMS sobre la tuberculosis y hacer diagnóstico microbiológico diferencial, pero si no comprendemos que lo que nosotros tenemos entre manos es la felicidad de las personas habremos fracasado como médicos.
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